Feliz

Todas estas cosas, y algunas más, sin orden ni concierto, me hacen “feliz”:
- Haber leído los poemas de amor más hermosos.
-Tener en la mesilla de noche un libro a medio leer, sabiendo que me espera pacientemente, sin reproches, y que nunca se va a mover de allí. Pero no cualquier libro, tiene que ser "Crimen y Castigo", señalado en la página 250. Cada vez que lo cojo, comienza una lectura singular y mágica porque nunca avanza. Por más que lo intento siempre me doy por vencida y retrocedo a la escena en que Rasumikhine ebrio y enardecido acompaña a la madre y a la hermana de Raskolnikof a una pensión. Magistral expresión del ridículo, la bondad y la ternura, todo junto.
-Descubrir el genio del "Rey del Metro" y saber que soy la única amiga que él desea tener.
-Que ellas dijeran en medio de esas montañas, y que se escuchase con la irrealidad propia de un eco al que no se sabe si dar crédito: "Vuelve, te esperaremos siempre, porque nos traes paz, nos transmites paz". Todo el mundo debería oír esas palabras al menos una vez en su vida.
-Encontrar frases redondas, plenas de matices y significados.
-Acertar en mis pronósticos y predicciones, pero no por azar, sino porque supe abrir los ojos y ver más alla; captar detalles y atar cabos; intuir e interpretar lo que empezaba a ser evidente justo antes de que lo fuera.
-Hablar de lo que sea con mi hermana pequeña, con ese humor tan nuestro, tan absurdo y tan particular. O lo que es lo mismo, hablar en un lenguaje que ella y yo hemos creado y que consiste en no decir más de cinco palabras seguidas sin reír, aunque estemos hablando de las cosas más terribles.
-Imaginar que la novela “La insoportable levedad del ser” la escribí yo.
-Recordar que hace años conseguí lo que creía imposible: Dejarlo, abandonarlo y definitivamente olvidarlo (me refiero al tabaco).
-Cualquier película intensa sobre la condición humana como “Un corazón en Otoño”, y cualquier película ligera sobre la condición humana como “El hombre tranquilo”.
-El don de reír y la facilidad para sonreír.
-Recibir una carta delicada y perfecta
-La dulzura de mi madre