Mostrando entradas con la etiqueta Vídeo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Vídeo. Mostrar todas las entradas

EL HOMBRE TRANQUILO


.
El destino puso todos los sueños en mi mano


Si tuviera las telas bordadas del cielo,
hechas delicadamente con luz de oro y plata,
las telas azul, tenue y oscura
de la noche y la luz y la media luz,
las extendería a tus pies:
Pero, siendo pobre, sólo tengo mis sueños;
y he extendido mis sueños a tus pies;
pisa con cuidado porque pisas mis sueños.
              
(W.B. Yeats)


Incluso los hombres más tranquilos se enamoran. Pero sólo éstos saben esperar. No se dejan llevar por la impaciencia, manejan los tiempos con frialdad y confianza, seducen y aguardan. Cuando John Wayne ve por primera vez a la pelirroja Maureen O´Hara sabe que ella es la mujer. Puede que sea un pensamiento algo ingenuo, pero es que la felicidad siempre tiene cierto componente de ingenuidad y, al fin y al cabo, están en Innisfree. Sí, ella es, no hay duda. Sin embargo, el hombre tranquilo no permitirá que las prisas sean sus consejeras. Todos solemos precipitarnos con ansia hacia aquello que queremos, propulsados por el angustioso pensamiento de que no hacerlo puede significar perderlo irremediablemente. Nunca el miedo dirigirá sus pasos. Se acercará lento y seguro, se colocará frente a ella, la saludará cortésmente..., cogerá con las dos manos un poco de agua bendita de la pila y se la ofrecerá para que se santigüe. Ella, nerviosa y paralizada por lo inesperado, terminará aceptando el ofrecimiento, tras lo cual se marchará precipitadamente con aparente aire ofendido. Qué se habrá creído, dirá para sus adentros la temperamental pelirroja. Su autosuficiencia y su dignidad de mujer le impulsarán a alejarse rápidamente de ese hombre tan impertinente. Pero su gesto (atrevido y confiado) la ha subyugado, tal vez aún no es amor pero sí un comienzo. Algo ha germinado en ella y ahora, mientras se aleja, no puede evitar girar el cuello y mirar de soslayo un par de veces a ese hombre tan insoportablemente seguro de sí mismo. Más tarde, la mujer, ya en su casa e inmersa de nuevo en la rueda de la rutina, pensará repetidamente en el encuentro acontecido. Nunca ha sido una sentimental. Es una mujer de carácter, pragmática, que no suele frecuentar la imaginación. Sin embargo, no logran difuminarse de su memoria aquellos segundos que, sin saberlo aún, cambiarán su vida.
El hombre tranquilo ve a la pelirroja alejarse, más bien huir apresuradamente. Cualquiera que viese la escena pensaría que el hombre ha aniquilado de un plumazo todas sus opciones. Él no tiene dudas y si las tuvo han desaparecido en cuanto se ha percatado de que ella se ha vuelto para mirarlo disimuladamente dos o tres veces. Podría salir corriendo en pos de ella para disculparse o para iniciar el cortejo en el caso de que se mostrase receptiva. Pero se quedará quieto, apoyado en el muro de piedra, respirará hondo y se dejará mecer por el paisaje de verde infinito y sereno. Comprende que es cuestión de tiempo y la paciencia es su estilo. Enciende un cigarrillo y entonces piensa en lo poco que le importa esperar.

¡Y qué poco importará que la pelirroja sea la hermana de su íntimo enemigo! ¡Qué poco importará que ella, recién casada, le desprecie por culpa de la dichosa dote! ¡Qué poco importará que tenga que sacarla a la fuerza de un tren (incluso los hombres más tranquilos pierden de vez en cuando los nervios)!

Nada de eso importará porque ella es la mujer de su vida.

Nada de eso importará porque él es su hombre tranquilo.

Nada de eso importará porque están en Innisfree.

El hombre tranquilo al fin ha encontrado su lugar en el mundo.
.
.

EL AMOR SI FUERAMOS ETERNOS



El tiempo limita todo. Absorbe y engulle la vida hasta tal punto que la vida sin tiempo no sería vida, sería otra cosa. La reducida comprensión del hombre sólo puede tratar de abordar un mundo reducido, encorsetado por sus fronteras temporales; fuera de ellas está lo desconocido, llamémosle nada, y la nada no puede ser comprendida. Como decía Oscar Wilde “A veces, pasamos años sin vivir en absoluto y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante”. Partiendo de esta premisa habría que aceptar que el tiempo limita todo pero no es lo que mide la vida, es el vivir la vida la que mide al tiempo.

A modo de ejercicio literario me encantaría decir: “vamos a suponer que no existiese el tiempo”. No puedo. Es inabarcable, cualquier acercamiento racional sería una farsa. Sencillamente la razón no puede aceptar el desafío.

Admitamos, pues, que no podemos eliminar el factor en cuestión. Pero sí podemos trastocar un poco el proceso, utilizar la fantasía para manipular ciertos preceptos naturales. Establezcamos una suposición tan descabellada como asumible para la imaginación: no existe la muerte. Además no existe la vejez tal como la entendemos: la persona nace y se desarrolla hasta cierta edad, pongamos los 30 años, en la que se detiene por completo su evolución.

Podríamos concebir millones de hipótesis y conjeturas sobre infinitos temas inspirados por este contexto tan particular. Pero esto es un texto sobre el amor. Y por tanto sólo voy a plantear una cuestión: ¿Si fuéramos eternos el amor podría serlo también? ¿Existiría el amor verdadero? ¿O, paradójicamente, el amor eterno existe precisamente porque morimos?

Y aclaro: hablo de amor romántico, no de amor filial, paternal, fraternal, etc. Por cierto, siempre he pensado que todos esos tipos de amor en realidad no son amor. Son otros sentimientos, otras ligaduras emocionales a las que simplemente no hemos encontrado otra denominación. No digo que sean mayores o menores, mejores o peores… simplemente creo que no se puede meter en el mismo saco. Son sentimientos cualitativamente distintos que no deberían ser recogidos por la misma palabra. Para mí el amor es todo aquello entroncado con el romanticismo y la pareja. Habría que inventar una palabra que expresase los restantes tipos de amor. Lo digo muy en serio. Creo que el Lenguaje no ha resuelto bien todo este asunto.

En cuanto a las preguntas formuladas, me figuro que el romántico contestaría que claro que ciertos amores serían eternos. Me argumentaría con buen tino que cuanto más tiempo pasase, los lazos forjados serían más fuertes y por tanto más difíciles de romper… ¿Cómo podrías desprenderte de una persona con la que literalmente has compartido siglos, milenios, de vida en común?

Por su parte, sospecho que el pragmático me contestaría con un rotundo no, sería inadmisible atar tu vida a la de alguien y perderse en el infinito. Incluso apostillaría que tantísimo tiempo compartido engendraría hartazgo, rencor y demasiadas cuentas pendientes, cosas que en nuestra vida real podemos soslayar porque fallecemos. La fugacidad de la existencia hace que nada sea verdaderamente importe.

Ahora llega el momento en el que es conveniente que me posicione, que muestre mi postura sin ambages. Y la verdad es que debería de no tener respuesta, no decantarme por ninguna. Creo que no debería tener respuesta porque el amor es en realidad un enigma. La ciencia puede hablar del impulso sexual, del imperativo biológico que nos exhorta a reproducirnos, de la bioquímica de la atracción… pero no puede explicar ese destello que te une mágicamente a otro ser, ese suceso demasiado humano que contradice nuestra naturaleza evolucionista.


¿Cómo podría aventurar lo que supondría un enigma (el amor) dentro de otro enigma (la vida eterna)?

No tomaría a la ligera el amor. No lo haría porque el amor es ante todo misterio y magia. No debería tener respuesta y, sin embargo, la tengo: Si existe la eternidad, existe el amor eterno.


EL CAMINO DE IDA

 

Tengo que alejarme, estoy cansada. Gracias a todos por vuestra compañía, fue un verdadero placer..

De pie en la playa donde te conocí permanezco inmóvil mientras contemplo tu figura alejarse, cada vez más pequeña, rumbo a mares y mundos en los que espero encuentres lo que necesitas.

Estoy asustado, muy asustado, y me pregunto cuándo empecé a creer que tu sitio era éste y no el mar infinito desde donde un día llegaste. Fui tan iluso pensando que porque tus suaves palabras fueran bálsamo para mis heridas, para la vida, ya me pertenecías...

Aprieto los dientes con fuerza, enjuago las lágrimas que empañan tu reflejo, y reúno fuerzas para gritarte: “Gracias Sirena... Gracias por regalarme tu mundo y hacer que ya nunca más pueda volver a sentirme solo...”.

Un abrazo y mucha suerte en tu camino.

Godewing






LA FRASE MÁS TRISTE

 

Dice el epitafio del escritor ruso Gogol: “Os reiréis de mis tristes palabras”.

Pensé y pienso en la frase.

Confieso que no conocía su existencia. Fue leerla y guardarla, sin más liturgia, en el desván de las frases que no se olvidan. Le hice un hueco entre “Vive y deja vivir” y “¡Al alba venceré!” Ya sé que parece un poco caótico, pero no crean, tengo un cajón reservado únicamente a Oscar Wilde y otro a Woody Allen. Lo cierto es que cada vez queda menos sitio, no obstante siempre se puede hacer un pequeño espacio. Triste, muy triste, será el día que piense que no hay nuevas frases que me puedan llegar al corazón: eso significaría que tengo un alma muerta.

Muchas frases habitan el desván. La de Gogol es la más triste de todas.

Fue leerla y empezar a buscar compulsivamente información en Internet sobre ella. Pude leer diferentes traducciones que poseen la misma carga semántica (ej: se reirán de mis amargas palabras). Pude leer que era una leyenda urbana, una de tantas que circulan sobre epitafios. Me da igual. Que no esté inscrita en una lápida no le resta un ápice de verdad.

Seis palabras que encierran toda la tristeza del mundo, en las que palpita la resignación ante el tiempo. El tiempo todo lo frivoliza, convierte lo sacro en anecdótico, lo solemne en inofensivo. Una tragedia como el holocausto Nazi, que nunca se podrá someter a la asimilación, ya ha sucumbido al tiempo: en estos años que corren, situados a una distancia prudencial de aquella catástrofe humana, no es raro oír bromas sobre Hitler. Aún más cercano tenemos lo de las torres gemelas y, a pesar de ello, ya hay cientos de chistes circulando sobre el 11 de septiembre. Muchas de las grandes desgracias de la historia de la humanidad somos incapaces de mirarlas con ojos sentimentales porque las llamamos historia.

No importa su magnitud: ningún sufrimiento está a salvo. Por culpa del tiempo ningún sufrimiento es sagrado.

Y ahí está la sabiduría de Gogol:

Sabía que el dolor de una persona para esa persona es un mundo pero para el mundo no significa nada.

Sabía que sus tristes palabras son el testamento de su tristeza pero que las cosas que un día no importarán (como ese testamento) tampoco importan ahora y por tanto nada verdaderamente importa.

El dolor de una persona en el mundo, el dolor de una persona en el tiempo. Ceniza en el agua

Pensé y pienso en la frase porque me siento feliz. Es algo que me ha ocurrido siempre: me encanta pensar en cosas tristes cuando me siento feliz y viceversa. Pienso que sólo así se pueden valorar con perspectiva.

La próxima vez que me sienta triste procurare pensar en algo alegre, recordar algo divertido e intentaré con todas mis fuerzas reírme. Sí: reírme…

A ser posible de mi propia tristeza.

INSOPORTABLEMENTE FRÁGIL






Gracias Lobezno, gracias por este regalo de humor y de afecto





A Lobezno





Todo lo humano es insoportablemente frágil. Somos bombas de relojería que podemos estallar en el momento más insospechado. Cáncer, infarto, aneurisma, embolia, neumonía… lo aterrador no son las causas en sí: lo aterrador es que todos, más tarde o más temprano, acabaremos por tener una causa.

No hay que darle más vueltas a eso: no podemos desprendernos de las ataduras fisiológicas, del contrato biológico que firmamos por el mero hecho de nacer. Es lo malo de tener cuerpo (sí, sé que caigo en un dualismo un poco rancio): él manda. Podemos intentar potenciar factores beneficiosos, minimizar ciertos riesgos, pero el tiempo siempre acaba ganando al cuerpo (y a todo). Las mentes de los grandes genios de la humanidad se incrustaron en alimento para gusanos. La nuestra también. No hay que darle más vueltas.

Hay algo a lo que sí le doy vueltas. Algo humano. Algo más frágil que la propia vida.

Me refiero a las relaciones humanas.

Incluso el amor más fuerte puede ser destruido por una traición. La amistad más sincera por un malentendido. Es tan triste que los lazos emocionales estén a merced de las palabras, que años de complicidad pasen a ser sólo recuerdo por una mirada equivocada. Ningún vínculo, ¡ninguno! (padre-hijo, abuelo-nieto, enamorado-enamorada, amigo-amigo, amigo-amiga…) se asienta en la certeza.

Vínculos sinceros y fugaces como un beso en un sueño.

El “amigosparasiempre”, el “amorverdadero”: expresiones que intentan conectar un sentimiento con la eternidad ficticia. No son más que espejismos tenebrosos gestados al amparo de una pasión sincera.

Hay gente que consigue no romper nunca ese espejismo. No se trata de que todas las relaciones acabaran irremisiblemente rotas (no tiene porque ser necesariamente así). El meollo del asunto es que aquello que nos une a los demás, aquello que creemos sólido e imperecedero, es un fino hilo. Y en esta vida bogamos por un océano de tijeras.

Sólo podemos contar con nosotros mismos. Por ello siempre me digo: “Nadie es imprescindible”.

¿Nadie es imprescindible?

Al menos para sobrevivir, sí: nadie es imprescindible.

Sólo podemos contar con nosotros mismos.

Es la única certeza.

¿Y para ser feliz?

Para ser feliz, no: hay gente imprescindible.

Porque la felicidad siempre se somete a la incertidumbre…

La maravillosa incertidumbre de la amistad.

La maravillosa incertidumbre del amor.



CUMPLEAÑOS



Siempre me interesaron los gorriones, tan minúsculos como las esperanzas humanas, pero tan determinantes en el acuciante deseo de volar, como si en ello se encontrara algo indefinido que se busca, y de que carece la tierra. Ellos representan la curiosidad por todo, que es lo que salva al alma de verse aprisionada.

Mis cumpleaños ya no son una obsesión, ya no son gorriones escapando de mis manos.

Eternamente agradecida por tu felicitación, Lobezno.








Arrastra la silla junto a la ventana y se sienta a mirar a la calle. Cae la tarde y se ahonda la oscuridad. La calle está desierta. Pasa el tiempo; sus pensamientos se estancan. Meditación, piensa: esa es la palabra. Esa cabeza amodorrada, esos párpados que le pesan: es el plomo que se le asienta en el alma.
("El maestro de Petesburgo" J.M Coetzee)




La gente habla del miedo a la muerte, a lo desconocido, al no ser Shakespeariano. La muerte es un fantasma que habita en la oscuridad del quizás, que no ha sido pervertido por la certidumbre ni lo categórico. El después de la muerte lleva adherida la duda como un estigma. No hay creencia ni fe sin ojos que pueda eliminar completamente la duda. Por el contrario el paso del tiempo es certeza. Y es terrible.
Nuestra vida es un juego de fuerzas: respecto a los demás, respecto a nosotros mismos, respecto a todo. Un juego. Y el tiempo en esta partida lleva siempre las cartas marcadas.
Yo a lo que de verdad temía era al paso del tiempo. Pero hoy, precisamente hoy, puedo decir que ha dejado de ser mi gran obsesión. Hoy cumplo un año más. Pero hoy sé que nada es lo que parece y hoy, recapitulando, sé que ya no tendré que soportar la sensación de que algo se me escapaba de las manos. Hoy puedo creer en la utopía. Hoy ya no me falta lo que de verdad necesitaba. Hoy tengo una razón… he visto mi alma y ya no la busco.

VOLAR