EL ARTISTA


“Cuando un hombre nace artista, toda su experiencia vital se filtra a través de los ojos del arte.

                  "En el arte como en el amor la ternura es lo que da la fuerza"

Un día nació en su alma el deseo de modelar la estatua del «Placer que dura un instante». Y marchó por el mundo para buscar el bronce, pues sólo podía concebir su obra en bronce.
Pero el bronce del mundo entero había desaparecido y en ninguna parte de la tierra podía encontrarse, como no fuese el bronce de la estatua del «Dolor que se sufre toda la vida».
Y era él mismo con sus propias manos quien había modelado esa estatua, colocándola sobre la tumba de lo único que había amado en la vida. Sobre la tumba de lo que más había amado en la vida colocó aquella estatua que era su creación, para que fuese muestra del amor humano que no muere nunca y como símbolo del dolor humano que se sufre toda la vida.
Y en el mundo entero no había más bronce que el de aquella estatua.
Entonces cogió la estatua que había creado, la colocó en un gran horno y la entregó al fuego.
Y con el bronce de la estatua del «Dolor que se sufre toda la vida» modeló la estatua del «Placer que dura un instante» (O.Wilde)



Una vez más traigo a este blog lo que me gusta y conmueve; son manifestaciones del arte..., siempre el arte... Quizás Proust no se equivocaba al sistematizar aquella maravillosa idea de que solamente con el arte se recupera el tiempo perdido.

¡Qué es el Arte? le preguntaron a un pintor casi legendario, un poco loco y muy vivido, a lo que éste respondido: “El Arte es una mujer a la que hay que estar queriendo continuamente”. Tan original respuesta ha inspirado este pequeño relato sobre un artista que no supo atrapar la vida, con permiso de Oscar Wilde.
Hubo una vez un artista que rozó la perfección, creó belleza y dominó la técnica pero en su constante insatisfacción se veía obligado a buscar algo más... Convocó a las musas, se entregó por entero a su trabajo, pero... vivía sin lograr la plena satisfacción. Una gélida mañana de invierno recogio un pajarillo del suelo  que agonizaba de frío. Intentó revivirlo con el tibio calor de su mano. Lo intentó con todas sus fuerzas pero el pajarillo murió, pero gracias a él comprendió que la voluntad no es lo que da vida al Arte, lo que da vida es el latido del corazón. 
Durante unos años fue feliz porque el corazón del artista latíó como jamás lo había hecho, y sus obras se llenaron de vida. Hasta que una mañana, sus obras, perfectas y hermosas como un sueño inacabado, dejaron de tener vida. La vida que dejó marchar, la vida que latía en el "aún más", la que habita en el brillo de un amor luminoso,  la que sólo prende en los momentos indelebles de rara perfección, la que vivía en los latidos, cuando fueron un corazón.