La (primera) gran estafa

¿Por qué la primera decepción que nos llevamos en la vida nos la proporcionan nuestros seres más queridos? Ese día; el día que tus padres confirmando todas tus dudas y sospechas te dicen que sí, que ellos son los Reyes Magos, ese día y no otro puede quedar marcado el final de tu infancia.
Como decía la canción “Bye, bye love, Bye, bye happyness”. Bye, bye…ingenuidad. Adiós también a la confianza ciega. Te la gastaron durante años, para finalmente revelarte lo que ha sido la primera gran estafa de tu vida; con trileros incluidos, y cómplices y todo tipo tahúres. ¡Engañados como chinos!... (¡ y dale con los chinos! Ni que fueran los más crédulos).
Tampoco tienes derecho a protestar, porque de haber prescindido de los Reyes habría sido aun peor, algo así como hurtarte un derecho irrenunciable de tu infancia.
Aunque el tiempo pasa, el subconsciente automáticamente se encargará de archivar convenientemente esa primera decepción para volver a revivirla en el momento más inoportuno. Ya adolescente un día te asaltan nuevas dudas y te preguntas (con bastante angustia): ¿Qué me están contando de la muerte? ¿Habrá algo después?, ¿Se tratará de otra estafa con cómplices, tahúres y trileros?
Y tampoco queda aquí la cosa. Por fin llegada la madurez, el subconsciente vuelve a vomitar una frustración nunca resuelta y te preguntas…( pero eso sí, con humor y sin solemnidades): ¿Amor? ¿Dónde está el truco? ¿Se tratará de otra estafa con cómplices, tahúres y trileros?
Y no quiero, ni me apetece elucubrar, ni siquiera suponer dónde estará la tercera gran pregunta: la de la edad senil…Pero tal vez a esa pregunta se le pueda añadir esto: ¿Se tratará de otra estafa con cómplices, tahúres y trileros?

A toda esa retahíla freudiana que rige nuestros pasos desde el subconsciente (líbido, muerte, y deseo) no estaría de más añadirle un pequeño acontecer que nos hizo abrir los ojos a la cruda realidad cuando tan sólo éramos niños: Los Reyes Magos; la (primera) gran estafa.