EL TÚNEL. Ernesto Sábato

"En todo caso, había un solo túnel, oscuro y solitario; el mío, el túnel en que había transcurrido mi infancia, mi juventud, toda mi vida"

¿Qué decir de una novela que a pesar de comenzar contando el desenlace final, te intriga y te apasiona conforme avanzas en su lectura? ¿Qué decir de un texto literario perfecto con un lenguaje depurado y un estilo narrativo brillante? Sin lugar a dudas, “El Túnel” es una de mis diez novelas favoritas.
En primera persona, el pintor Pablo Castel narra desde la cárcel la historia de su crimen pasional. Pablo asesinó a su amante, María Iribarne, la única persona que él consideraba que podía entenderle y comunicarse con él íntimamente. El protagonista ha vivido un amor caótico por una mujer con la que se obsesiona desde el mismo momento en que la conoce en una exposición suya. Le impresiona que ella se fije, precisamente, en el detalle de un cuadro llamado “Maternidad” (que no es sino el paisaje de su soledad). Ese detalle es una ventana a través de la cual se ve una mujer frente al mar.
La ventana es la clave de la novela, una metáfora sobre la forma en la que el mundo interior (el túnel) se asoma al mundo exterior, es decir; la vida. El túnel del protagonista es sombrío, turbulento y oscuro, y así siente que es también su paso por la vida. ¿Es ella su redención? No. Ambos son pasajeros en trenes que circulan en direcciones contrarias, y sólo se han encontrado fugazmente y mirado uno a otro por las ventanas justo en el instante en que los trenes se cruzaban.
Sábato construye una honda reflexión sobre la obsesión, adentrándose en los territorios del inconsciente y en los métodos del psicoanálisis, y profundizando en los complejos y delicados mecanismos de la locura.
De “El Túnel” se ha dicho reiteradamente que es una novela inquietante. Y sin duda lo es, porque el protagonista narra la historia con la única intención de que alguna persona llegue a entenderlo, y lo consigue sobradamente en base a la lógica de sus explicaciones y lo fundamentado de sus razonamientos. Por ello, hay que hacer verdaderos esfuerzos para no perder la perspectiva de que estamos ante una persona trastornada emocional y psicológicamente.
El paisaje vital de la novela es el amor, la desolación, el nihilismo. Me quedo con esta frase del pintor: "La vanidad se encuentra en los lugares más inesperados: al lado de la bondad, de la abnegación, de la generosidad". No puedo estar más de acuerdo con él, la modestia no es de agrado, ni la humildad. Tras ellas siempre hay una gran impertinencia.
Esta novela definitivamente me fascinó y, sobre todo, me trajo a la memoria la frase de Joseph Conrad: "Aquél que establece un vínculo está perdido".