LA METAMORFOSIS de F. Kafka

El autor checo nos relata como un hombre se levanta una mañana y (sin que medie explicación alguna) aparece convertido en insecto. Se trata de una situación tan surrealista y delirante que es imposible no quedarse subyugado por ella. Sin embargo, reducir el valor de la metamorfosis a su originalidad, a su deliberada huida de parámetros realistas, a su rupturismo literario, sería desvirtuar un ingente trasfondo que va mucho más allá de la mera narración de una situación “extraña”. La amalgama filosófica y reflexiva de esta novela es tan densa que resulta difícil hacer una síntesis fiable de todos sus significados. Por eso nada mejor que evitar conclusiones categóricas y entregarse a la subjetividad.
La metamorfosis es la gran metáfora de la soledad. Durante toda la novela, Gregorio Samsa tiene que afrontar su tragedia desde la más absoluta soledad. Aislado, recluido en el pequeño mundo que es su habitación, con la única compañía de sus pensamientos y cavilaciones, vive ajeno a cualquier contexto social. Grete Samsa, hermana de Gregorio, lo alimenta y se preocupa por él, pero no le ofrece el apoyo emocional o moral que Gregorio necesitaría. Por medio del personaje de la hermana, Kafka critica veladamente a todas aquellas personas que lavan sus conciencias procurando sustento y cubriendo las necesidades materiales y físicas de sus semejantes (la caridad de guardarropía) pero que, en el fondo, son incapaces de escuchar y sentir la verdadera conmiseración. La pregunta queda en el aire: ¿Grete ayuda a su hermano porque se siente en la obligación moral o le ayuda porque verdaderamente le importa?
La idiosincrasia del insecto Gregorio se desenvuelve bajo el manto de una opresiva soledad, que deriva en otro aspecto fundamental de la novela: La incomunicación. Y ésta, a su vez, planea angustiosamente durante todo la narración. Aunque obvio, resulta inevitable subrayar que Gregorio está solo porque no puede comunicarse El fallido intento de llegar a sus familiares lo precipita a encerrase progresivamente en sí mismo hasta entregarse y aceptar su condición de insecto. De Kafka se ha dicho hasta la saciedad que era una persona extremadamente introvertida y solitaria. ¿Puede ser esta novela sea un reflejo hiperbólico de su propia vida?
Soledad, incomunicación y pesimismo son las piedras angulares sobre las que se asienta La Metamorfosis. Tampoco elude Kafka contextualizar el carácter alienante del trabajo haciendo que la máxima preocupación de un hombre que, sin venir a cuento, se despierta convertido en un insecto, sea el saber que no va a poder trabajar.
Pero lo más destacable de todo es la curiosa forma en que Gregorio Samsa afronta el convertirse en insecto; angustiado, pero sin preguntarse en ningún momento el porqué de esa nueva existencia. El no hacerse esas preguntas se sustenta, tal vez, en los preceptos existencialistas que formulara Jean Paul Sartre: “la existencia precede a la esencia” y “el infierno es el otro”. De esto se deduce que mientras existimos somos, cuando dejamos de existir dejamos de ser. Gregorio Samsa como insecto sólo existe y en ningún momento quiere plantearse quién es el verdadero otro, si el hombre o el insecto.