EL AMOR SE PIENSA

Qué dulces son los abrazos de una mujer, aunque nunca llegarás a saber el secreto que esconden, porque cuando parece que todo va bien, el amor aparece y termina la noche.
(Yosi. Los Suaves)


Amor platónico, qué expresión tan manida. Supongo que lo de “platónico” hace referencia a Platón –ése que hablaba del mundo de las cavernas, el mito de las ideas y no sé que más cosas raras– y con Platón se quiere expresar el concepto de idea. Es decir: el amor como una idea. Las ideas discurren en el pensamiento y éste es producto de la mente (o raciocinio, o intelecto, o como queramos llamarlo). Si la mente es la fuente a partir de la cual germina la idea de amor eso descarta el concurso del sustrato emocional en el proceso. Claro que participan los sentimientos pero no como agentes sino como víctimas: sentimientos encorsetados por el pensamiento, esclavos subyugados por la dictadura del idealismo. En el amor platónico lo que sentimos es consecuencia de lo que pensamos o idealizamos y he ahí el problema: los filósofos del amor preconizan que el amor verdadero consiste en un proceso opuesto, en el que hay que invertir causa (pensamiento) y efecto (sentimiento). Por ello, amor platónico se suele utilizar como antónimo de amor verdadero. ¡Pobres sentimientos del amor platónico!, no son vírgenes o puros, sólo son una cohorte de prostitutas de la mente, encerrados en su harén hasta el final del hechizo. Ahora llegan las preguntas: ¿De verdad el amor es una expresión exclusiva de nuestro mundo emocional, un hecho humano ajeno al pensamiento? ¿De verdad, Pascal, que el corazón tiene razones que la razón no puede entender?

Pienso que el amor se piensa. Así de simple, así de complicado. Creo en el amor, sí, pero no en una concepción Becqueriana de él sino como hecho predominantemente racional. En lo que se refiere a la cuestión amorosa, el pensamiento puede existir sin el sentimiento pero no viceversa. ¿Entonces por qué muchos enamorados cometen actos contrarios a la razón? Porque los sentimientos se rebelan, intentan zafarse de su creador (la mente) y adquirir entidad propia y diferenciada. Lo triste es que la rebelión siempre fracasará; nadie puede dejar de ser quien realmente es: ni siquiera los sentimientos, esas fulanas indefensas del pensamiento. Creo en el amor platónico como amor verdadero: lo que ocurre es que la gente confunde amor platónico con amor pasajero. ¿Es la duración, la transitoriedad, el criterio que dirime la veracidad o falsedad del amor? Aquella persona atrapó tu pensamiento y tu vida durante semanas y luego se rompió el hechizo; ¿Como se rompió pronto el sortilegio significa que eso nunca fue amor? Confunden verdad fugaz con espejismo. Revindico esos sentimientos transitorios como la expresión más pura del amor, aunque en seguida se los lleve el viento; los llaman falsos porque de ellos no nació el hábito y enmascararon el desengaño. Y los llaman falsos porque están subordinados a la mente, sin comprender que todo está subordinado a la mente, que ni siquiera el amor escapa a ello. El amor no es especial, sólo frágil, como todo lo humano. La razón tiene razones que la razón no puede entender.

Además, el amor se vive en la ausencia. Los sentimientos amorosos más ardientes sólo se pueden experimentar en ausencia del objeto amoroso, es la gran paradoja. Y esto es así porque la ausencia únicamente nos permite el pensamiento del objeto amoroso lo que es mucho más poderoso que el objeto amoroso en sí. En soledad bulle la reflexión nostálgica mientras nos inunda el romanticismo de lo retrospectivo. Dice el tópico más manoseado que el desamor sólo lo cura el tiempo y la distancia. Lo que llaman tiempo y distancia es en realidad olvido, y el olvido borra el amor como borra cualquier otro pensamiento.

El amor es silencio y recuerdo.