18 enero 2011


 
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18 enero 2012

 


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18 enero 2014


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18 enero 2015








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18 enero 2016



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"Cuanta más belleza en nuestras vidas, más fuera del tiempo y de la pena, más inmortales".

Mil gracias!


18 enero 2017



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Qué tensión, qué nervios, debí suponerlo. jajajaja, 
Que conste que tu alter ego ha ganado con los años! 

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UN BOCETO SIN CUADRO






Milan Kundera, en una de sus deliciosas reflexiones, comparaba la vida con un boceto. Aunque apostillaba que ni siquiera boceto es un término preciso para describirla porque éste es un borrador de algo definitivo como un cuadro y la vida viene sin cuadro, es el borrador mismo. “Como si un actor representase su obra sin ningún tipo de ensayo”, escribía el genio checo (qué difícil es juntar las palabras genio y checo y no pensar en Kafka). 

Y esa es una de las grandes tragedias humanas: no existe el retorno, no se puede desandar el camino. Gran parte de las emociones humanas nacen de este hecho: culpa, arrepentimiento, vergüenza, etc. Hasta el acto más nimio se imprime en nuestra propia historia con tinta indeleble. No sólo somos lo que hacemos sino también lo que hicimos. El tiempo insoportablemente lineal nos engulle hasta las entrañas del olvido. Entonces queda asirse a la idea de que existen otros tiempos y otros mundos. Porque de lo contrario la vida, ese boceto sin cuadro, sería una ilusión vana y cruel.

Existe una expresión, la más hermosa del mundo. Y no es te quiero porque esta ya ha sido devaluada por el uso cotidiano: manida, muchas veces pronunciada y pocas veces sentida, empleada demasiadas veces de manera burocrática.

Es te echo de menos. La escribo ahora porque es una expresión que pone en íntima relación al individuo con la linealidad del tiempo: en un universo egoísta que no tiene la decencia de pararse, la mayoría de las amistades y amores que ya no están terminan por extraviarse y olvidarse, ante la poderosa inercia de la naturaleza humana que es avanzar constantemente. Pero ciertas personas se convierten en anclas. Y esa es la grandeza de esta expresión: va contra nuestra naturaleza, es la forma de amor más pura. Porque el amor se vive en la presencia pero se siente verdaderamente en la ausencia.

¿Será la vida esto que no descansa? Avanzar, avanzar, avanzar… por eso me hacen gracias expresiones como “escuela de la vida”. Decía Oscar Wilde que “experiencia” es simplemente el nombre que damos a nuestros errores. La madurez no es de ninguna manera un proceso de aprendizaje, sino más bien de destilación: la vida nos depura hasta nuestra esencia. Al final del camino somos más auténticos, no más sabios. No hemos construido nada, simplemente hemos desechado lo superficial. En la existencia sin pausa, vivimos y aprendemos pero no podemos aprender a vivir.