LA FRASE MÁS TRISTE

 

Dice el epitafio del escritor ruso Gogol: “Os reiréis de mis tristes palabras”.

Pensé y pienso en la frase.

Confieso que no conocía su existencia. Fue leerla y guardarla, sin más liturgia, en el desván de las frases que no se olvidan. Le hice un hueco entre “Vive y deja vivir” y “¡Al alba venceré!” Ya sé que parece un poco caótico, pero no crean, tengo un cajón reservado únicamente a Oscar Wilde y otro a Woody Allen. Lo cierto es que cada vez queda menos sitio, no obstante siempre se puede hacer un pequeño espacio. Triste, muy triste, será el día que piense que no hay nuevas frases que me puedan llegar al corazón: eso significaría que tengo un alma muerta.

Muchas frases habitan el desván. La de Gogol es la más triste de todas.

Fue leerla y empezar a buscar compulsivamente información en Internet sobre ella. Pude leer diferentes traducciones que poseen la misma carga semántica (ej: se reirán de mis amargas palabras). Pude leer que era una leyenda urbana, una de tantas que circulan sobre epitafios. Me da igual. Que no esté inscrita en una lápida no le resta un ápice de verdad.

Seis palabras que encierran toda la tristeza del mundo, en las que palpita la resignación ante el tiempo. El tiempo todo lo frivoliza, convierte lo sacro en anecdótico, lo solemne en inofensivo. Una tragedia como el holocausto Nazi, que nunca se podrá someter a la asimilación, ya ha sucumbido al tiempo: en estos años que corren, situados a una distancia prudencial de aquella catástrofe humana, no es raro oír bromas sobre Hitler. Aún más cercano tenemos lo de las torres gemelas y, a pesar de ello, ya hay cientos de chistes circulando sobre el 11 de septiembre. Muchas de las grandes desgracias de la historia de la humanidad somos incapaces de mirarlas con ojos sentimentales porque las llamamos historia.

No importa su magnitud: ningún sufrimiento está a salvo. Por culpa del tiempo ningún sufrimiento es sagrado.

Y ahí está la sabiduría de Gogol:

Sabía que el dolor de una persona para esa persona es un mundo pero para el mundo no significa nada.

Sabía que sus tristes palabras son el testamento de su tristeza pero que las cosas que un día no importarán (como ese testamento) tampoco importan ahora y por tanto nada verdaderamente importa.

El dolor de una persona en el mundo, el dolor de una persona en el tiempo. Ceniza en el agua

Pensé y pienso en la frase porque me siento feliz. Es algo que me ha ocurrido siempre: me encanta pensar en cosas tristes cuando me siento feliz y viceversa. Pienso que sólo así se pueden valorar con perspectiva.

La próxima vez que me sienta triste procurare pensar en algo alegre, recordar algo divertido e intentaré con todas mis fuerzas reírme. Sí: reírme…

A ser posible de mi propia tristeza.

24 comentarios:

ybris dijo...

Quien con tan bellas palabras agradece es quien de verdad es maravillosa.
Un antiguo, maravilloso amigo me dijo una vez, cuando me sentía triste:
"Existe la tristeza de Arlequín y la tristeza de los tristes".
Siempre creí que hay tristezas sobre las que debemos reír.
Quizás porque la tristeza sólo existe para quien conoce la alegría.

Gracias es a veces más que una palabra.

Besos cercanos.

lobezno dijo...

No me parece una frase triste, la llamaría lúcida e, incluso, optimista (¿no podría entenderse -en grado de tentativa- que nada merece lágrimas eternas? ¿o incluso que nada merece lágrimas?). Y adjudicando a Gogol la paternidad de la misma (que la prosaica realidad no estropee una buena historia), podría verse como una forma de reírse de sí mismo, no como una queja resignada de que su tristeza es ceniza en el mar del tiempo y las personas, o por emplear otra frase mítica, “lágrimas en la lluvia”.

Me es inevitable el juego: Gogol es casi googol (10 elevado a 100, bautizado así por el sobrino de 9 años de un matemático, un número muy por encima de las magnitudes de nuestro universo –no podríamos escribirlo ni aunque transformásemos en papel -¡o en un disco duro!- toda la materia existente). Sí, la tristeza es desbordante, sí, pero creo que eso es una buena noticia. (Ah, felicidad gana a tristeza en Google; por poco: 13 millones a 12).

¿Frases optimistas en la melancolía y tristes en la felicidad? Hummmmm, me da que ni una cosa ni otra: invariablemente Sirena está, es, “tristenta”. Beso.

lobezno dijo...

Perdón: lo que no se puede escribir es un googolplex=10 elevado a googol, porque es un 1 seguido de un googol de ceros.

Perdón: ¡por la digresión, el error y la aclaración!

Julio Castelló dijo...

Y la sabiduría de reírse de uno mismo (lo justo y necesario).
En efecto, ni la tristeza es sagrada. Nada lo es ni debería serlo.
Aprecio tu teoría del equilibrio.
Gracias.

DENAVEGANTES (c) dijo...

Cuándo estás triste, estás tan abatido, tan perdido, que las palabras que no son medicina, no existen. Sólo cuándo la tristeza es contenida, si guardan un ápice de esperanza, mantienen su estructura lingüística. También ocurre con frecuencia, que un exceso de felicidad pareciera no deseado, y se suele obviar, el temor al dolor de la ausencia es tan grande, que apenas somos capaces de vivir el momento de felicidad en plenitud sin dejar de pensar, en lo que vendrá después. Estoy convencido que estadísticamente a lo largo de nuestra vida, vivimos solo un 8% de felicidad, frente a otros estados. Muchos besos.

El Rey del metro dijo...

Si se saliera a la calle cada mañana con un aforismo pegado a la nariz, podríamos incluso darnos el gusto de no secundarlo y creer que es un grano. Pero se persigue el gesto, el tono, la palabra que marca y desmarca, porque si no, el día parece aún más desprotegido que un pararrayos en el desierto.
Todas las frases del mundo rondan parejas con el anclaje de la sangre, la lleva a recorrer incansablemente por dentro, socavando en las apreturas del recuerdo y en los vanos escapes que creíamos haber protagonizado de cierto, cuando todo era ya el olvido, recorrer sin cuento por lo que otros habían inventado. Aún así, lo importante de no pensar era asumir el primer rasgo que cruzaba la mente, y apurarlo hasta exprimirlo un par de manzanas más adelante, para caminar completamente solo y desasistido como siempre hasta dos o tres semáforos más a la vista, cuyos parpadeos de intenciones sugerían marcar un nuevo horizonte en trance: era la vía de la "madurez" que estaba ya haciendo estragos, creyendo que formulabas razones para andar por casa, cuando de pronto el sueño se venía abajo y te veías cayendo al socavón de más ausencias acumuladas en tu recámara repleta de vacíos. Ya eran las doce. Faltaba alguna excusa para seguir andando y la frases no acudían.
La vida era eso, perseguir fantasmas, andar los pasos de otros, proferir señales que no cabían y volver a repetirlo todo para suponer que estabas vivo.

Antón Abad dijo...

Si bien no ha pasado mucho tiempo del cierre de uno de los blogs que más me gustan, me parece muy oportuna la dedicatoria de esta entrada; y si bien, con el devenir terminaremos olvidando el contenido de cada entrada, permanecerá intacta en nosotros, quienes le hemos seguido, la sensación que nos ha producido en su desarrollo: el estar ante una de esas personas que nos reconcilian con el género humano. Así lo dice Ud. en su post; se refiere al poso que nos dejan algunas lecturas como herencia valiosa de lucidez, belleza o ambas al mismo tiempo. Compartimos asimismo el gusto por rememorar a esos productores de fraseología inolvidable que cita, tanto Wilde como Allen, a quienes podría agregar unos cuantos más, pero sin duda están esos dos al tope de la tabla.
El tiempo lo difumina todo, lo deforma y hasta lo vacía de contenido si no hubiera quien, en su tozuda ambición por preservar la riqueza del pensamiento, rastrea el pasado en busca de tesoros.
Hay un chiste que ilustra perfectamente su mención de la sabiduría de Gogol:
¡¡Jo, vaya día que llevamos, a ti se te muere tu padre; yo pierdo el boli...!!
La próxima vez que esté triste, piense que tiempo habrá de sentirse de otra manera, porque como dijo uno de nuestros preferidos:
La eternidad es muy larga, sobre todo al final.

Magnolias en el jardín dijo...

Sirena,
No tengo muchas palabras, pero sólo decirte que te he leído y me he sentido con un ¡ah! profundo en el pecho, como cuando uno toma un vaso de agua después de pasar mucho tiempo sediento o cuando recibimos esa caricia que ya teníamos olvidada y tantas otras cosas.
Gracias
Magnolias en tus palabras

Anónimo dijo...

Mi querida Sirena Varada:

En el invierno necesitamos pensar en el verano. En el verano necesitamos pensar en el invierno. Siempre necesitaremos los dos platos de la balanza, de ese modo nos sentimos situamos y somos conscientes que nos encontramos en ese equilibrio tan necesario e imprescindible para nosotros, entre el más y el menos, el blanco y el negro, la alegría y la tristeza.

Incluso teniendo a nuestro favor el desequilibrio en la balanza, este no llega a satisfacernos totalmente si no recordamos que en el otro extremo está y existe, la parte opuesta.

Necesitamos tanto la sonrisa como la lágrima, la alegría como la pena, el amor como el odio, la sal como del azúcar.

Del mismo modo, necesitamos y hemos de agradecer la mala literatura, porque gracias a ella nos damos cuenta al leer un post como el tuyo, del placer que supone descubrir los matices y la belleza que pueden encerrar la palabras cuando una escultora de la prosa las moldea con la sal y el azucar que tú tienes.

Gracias Michelangela Dostoievski

Maria Varu dijo...

Querida Sirena, me gusta… me llega al alma tu sensibilidad, no hay una frase cuando te leo que te relacione a ti directamente, porque cada texto tiene como su propia personalidad, su singularidad y me sucede lo mismo que tu expresas tan sencillamente “recordamos mejor los sentimientos…”

¡Ybris! te diría que he sabido de él en sus últimos escritos, y por lo tanto no me prodigué mucho en su blog, ahora le encuentro en algunos otros blogs como comentarista y si confieso la verdad, le leo siempre, su opinión merece para mí atención e interpretación, porque a veces en su brevedad dice mucho o dice más de lo que suele escribir. (Ybris, si me lees te dejo un abrazo)

En cuanto a algunos de los hechos que comentas a nivel histórico, simplemente tienes razón, algunas veces pienso en ese olvido o en esa otra banalización de los sucesos y por un lado, me apena, porque quedan en el mundo afectados todavía por lo acaecido (de algunas de las tragedias que mencionas), sin embargo por otro lado creo que debe ser así, porque no podríamos soportar el peso de tanta tristeza acumulada a lo largo de la historia del hombre. En cualquier caso sí me gustaría resaltar que a pesar de que el tiempo frivoliza los grandes o pequeños sucesos, lo que jamás se debería perder es el respeto, un respeto que se debería aplicar intentando comprender las cosas en su contexto, en su momento… no estableciendo una crítica fácil desde una visión actual o personal.

Tu propósito, pensar algo alegre cuando estás triste y viceversa, es una buena terapia, aunque no siempre funciona… pero vale la pena tenerla presente.

Sirena, como siempre un placer bañarme en tu mar


María

tequila dijo...

Ciertas y bellas palabras escribes… quizá por eso,( por el tiempo, por lo subjetivo de nuestras dolencias y temores a ojos ajenos), me maravillo cuando siento una mano sobre el hombro que trata de consolar.
Besos

Pau Llanes dijo...

Tristeza, ay, tres silabas nada más... qué bien que despertaste luego de tanto tiempo. Te leo con alegría en Oaxaca en una tarde deliciosa... Saludos sonrientes para ti.

Yuri Zhivago dijo...

Somos un granito de arena en la playa por tanto si ese granito se pierde ¿quien lo echará en falta?.¿Quien recuerda ya el Holocausto,la Guerra Civil el 11-S o incluso el 11-M?.
Quizás cada vez más nos volvemos insensibles y demos por perdidas ciertas batallas.
Pero no es menos ciertos que es bueno reirnos muy a menudo de nosostros mismos para darnos cuenta de que no somos perfectos.
Un abrazo.

Mª. Antonia Moreno dijo...

Interesante y exhaustiva reflexión, querida Sirena... también triste y melancólica... sobre todo lo de reírte de tu propia tristeza

Un gran abrazo y a seguir feliz

DOCTOR VITAMORTE dijo...

¡Ojalá no tengas que reirte nunca de tu propia tristeza!
Pero si llega el momento que sepas que es la mejor de las terapias

El Rey del metro dijo...

La frase más triste es la que no se dice pudiéndola y debiéndose decir, y muriéndose por lo que sea en los labios; la que no acaba de desprenderse de la boca durante el resto de la vida como castigo al apocamiento y a no haber sabido defender lo necesario. La más alegre es la que, a perpetuidad, sería fluyendo de ti cuando estás en tu verdadero sino conjugando con el resto del Universo; una especie de estado de gracia sin fin que emana de la satisfacción de concretar los pensamientos a su auténtico fin revelador.

Por favor, no te disculpes más de si eres indolente o qué. Eres lo que eres, y eso es lo que más me gusta de ti. Aquí, si hay apremios, se deja de ser uno para convertirse en un burócrata, y tú no lo serás nunca porque creces por momentos.

Isadora dijo...

Le leo: “hanta conservar únicamente el recuerdo de la sensación que me produjo” y creo adivinar en la frase una cierta intención de disculpa frente al autor de aquello que, tan sólo (?), mereció algo tan aparentemente simple como lo expuesto. Y me encanta tanto la frase, como el “mea culpa” que parece esconder. Que la lectura de un texto incentive su función cerebral hasta el punto de generar con ello un recuerdo no del hecho en sí, lo leído, sino de la sensación que le produjo tal lectura, me admira, se lo aseguro. Me admira por la confesión y además por lo que entraña de delicadeza de espíritu que se disculpe, si es que lo hace, por no haber retenido más, aunque ese más sea en si mismo bastante menos que lo conseguido: el sentimiento.
Almacenar nombres, títulos y citas seguro que tiene el mismo valor que almacenar en la memoria formulas químicas o artículos del código civil. Son recuerdos prácticos, si no necesarios, y, en ocasiones, fundamentales para engordar nuestro propio ego en reuniones con pedantes o simples mortales predispuestos siempre a quedarse extasiados ante meras apariencias, incapaces de profundizar más allá de lo que tan sólo es anécdota. Pero usted no. Usted, en el peor de los casos, almacena sensaciones. ¡Caray! ¡Que envidia!

Y al hilo de de lo escrito por usted, le voy a ser sincera.
Yo leo todo lo que puedo, pero las más de las veces creo que no soy plenamente consciente de lo que leo, que no respeto suficientemente al autor, que me interesará o no lo que dice, pero que su nombre y el de su obra tan sólo quedaran debidamente archivados en el desván de las cosas inútiles para por si acaso después. Y prescindiendo del autor e ignorando el título de su obra, que casi siempre soy incapaz de recordar, me limito a fagocitar todo lo que me impresiona de su escrito con una actuación casi mecánica de transformación y asimilación de cuanto pudiera serme útil. Tras una lectura siempre hay algo que queda y que forma indefectiblemente parte de mi misma.
Hay libros que se me caen de las manos, y otros que me producen una enorme tristeza que se acaben. Pero unos y otros son inmediatamente reemplazados, y los ya leídos los olvido sin que ese olvido sea un olvido fatal, sino natural y consecuente a mi poquedad intelectual. Pero todos los libros leídos sé que están formando parte de mí, aún careciendo de título y autor hasta que su localización resulte absolutamente imprescindible para un momento posterior. Me convierto indefectiblemente en una ocupa del pensamiento ajeno que hago mío en lo pertinente y de inmediato.
Jamás me ha mortificado mi falta de memoria, pero alguna vez me ha dado rabia no citar ni nombre ni título, y hoy, gracias a usted, he sabido el verdadero significado de lo que me ocurre y la compensación que recibo ante mi imposibilidad de abrir la boca en tales momentos, y es que debo ser de las que “recuerdan las sensaciones producidas”; es más, incluso creo ser un cúmulo de sensaciones que se entrecruzan, superponen y tropiezan las unas con las otras y entre sí formándome y conformándome; un compendio de sensaciones cuyo chispazo generador lo han provocado los textos de esos autores sólo para mi injustamente anónimos, y el resultado de todo ello soy yo misma: ¿tal vez una Frankenstein formada de retales de palabras y frases de otros?
En fin, que le de al botón de “papelera de reciclaje” y seguidamente al de “borrar definitivamente”. Es lo mejor que puede hacer. Yo, a pesar de mirarme al espejo y verme, no me atrevo.

cristal00k dijo...

Hace días que voy y vengo y releo y no sé que decir. Me pasa alguna vez con tus entradas. Que me bloquean porque me parecen inabarcables. Esta, es una de esas.
Sé que esto es público, y sin embargo tengo la sensación de que si comento, va a ser como entrometerme en la conversación de dos viejos amigos que no desean ser interrumpidos.
Creo que todos conocemos a Ybris y lo hemos leido alguna vez, aún sin dejar huella. Fueron muchas las recomendaciones y acertadas desde luego.
Y sigo leyendo hasta donde escribes:
Sabía que sus tristes palabras son el testamento de su tristeza pero que las cosas que un día no importarán, tampoco importan ahora y por tanto nada verdaderamente importa...
Y ahí me paro. E intento seguir leyendo pero ya no puedo concentrarme. Hay veces que tanta lucidez me vacía.
Tienes suerte si has encontrado el equilibrio que citas y que compensas de ese curioso modo.
Yo también te envidio Sirenita.
Un abrazo.

María Inés dijo...

Gogol era un cierto, y creo que todas estas tristes palabras, ligadas a los tristes hechos denotan también el abismal miedo de casi todo ser humano: la transitoriedad de su existencia, su muerte, y la alegría que condena y contradice toda posibilidad del ego: después que muramos, hasta nuestros seres más queridos reirán, el mundo reirá ante las tristes palabras que anuncian nuestra muerte, nuestro aniquilamiento, ¿qué hecho puede ser más triste que ese?

ZenyZero dijo...

Yo no creo en el tiempo, creo en nosotros, las personas. Me importa lo que yo pienso de los demás y la empatía que me pueda acercar al sufrimiento ajeno, y a la alegría también. Ese es mi tiempo. El holocausto real consiste en dejar que el tiempo califique nuestra vida y nuestros recuerdos.

A ybris lo siento cercano y me es muy querido. Lo es por todo lo que me ha transmitido. Desde luego, no habrá holocausto ni tiempo que me haga olvidarlo, ni trivializar su ser.

A veces yo mismo me río de mis tristes palabras. Quizá me ría del tiempo. Y quizá por eso no me ría de los demás, jamás.

Un abrazo, querida Sirena.
Me ha gustado muchísimo esta entrada..., pero que mucho.

Chuff!!

coco dijo...

Qué preciosidad, por dios.

MBI dijo...

Echaté un baile ... te he montado un escenario en mi post...

Luis Antonio dijo...

Pues aunque la felicidad te transporte a pensamientos tristes, yo te la deseo toda.

Para una parte del mundo, a pesar de que sea exigua, el dolor de una persona significa mucho...

Besos

Anónimo dijo...

sirena me encanta tu forma de reflexionar...das esperanza,fuerza,plenitud...al alma de las personas cuando sentimos la agudeza de la tristeza.Das animos y eres como un tipo de medicacion con tus palabras,te agradezco aie compartas estas bellas y hermosas palabras,de verdad.