DUELE


Tantos noviembres comienzan a lo largo del año cuando yacemos en el infierno de la espera, cuando ansiamos sumergirnos en la matemática sincera de los cuerpos desnudos...

Cuando llega noviembre sólo queda la vulgaridad de la supervivencia, esperar que el pasado pase de una vez y no mate.

En el azar, en el misterio del tiempo se esconde la tragedia de la existencia: el ayer nunca será mañana. Siempre busqué el latido que me faltaba. Al no encontrarlo traté de buscar el eco del latido. Creí oír algo pero no era el eco del latido: Era mi propia voz intentando escaparse entre las grietas del pasado.

Al final de la película “El tercer hombre” hay una escena maravillosa: Joseph Cotten va en un coche con chofer dirigiéndose hacia al aeropuerto. Por el camino se encuentra andando a la mujer que ama pero que siente un gran odio hacia él (por razones que no detallaré). Él le dice al Chofer que pare el coche, que va a bajarse. El chofer sabiendo la situación le dice que pierde el tiempo. Entonces Cotten le replica con un memorable "me encanta perder el tiempo". Dicho esto baja del coche y se enciende un cigarrillo esperando a que ella llegue. Ella llega y, sin ni siquiera mirarle, pasa de largo y termina la película.

Espero que esta nimia descripción sirva de homenaje a aquellos que sólo saben esperar en la tormenta, aquellos que se consagran a la ejecución de actos inútiles. Como yo.