Que no, que no, que el pensamiento no puede tomar asiento



... En una noche infinita
que va meciendo este gran ataúd
donde olvidamos que el día
sólo es un punto de luz

Que no, que no, que el pensamiento
no puede tomar asiento,
que el pensamiento es estar
siempre de paso, de paso, de paso…


No me quito esta canción de la cabeza. Me paso el tiempo cantándola por lo bajini y repitiendo el estribillo: “Que no, que no, que el pensamiento no puede tomar asiento…” A ver si subiéndola al blog se produce un pequeño milagro y me la quito de encima contagiándosela a quien la escuche (el riesgo es mínimo).
La gente va y yo vuelvo y viceversa. Regreso a la esporádica soledad de este blog en el que seguir conjugando el yo, mi, me, conmigo, también llamado ombliguismo…, del verbo qué más da…
“que no, que no, que el pensamiento no puede tomar asiento…”