Cometas en el cielo

Como las cometas que vuelan y se entrelazan en el cielo de Kabul, tres historias se superponen en el paisaje de esta película:
-Una: el telón de fondo: la reciente historia de Afganistán; un país castigado por los conflictos étnicos, el éxodo masivo, y por el régimen talibán. Y aunque no es una película política ni de denuncia muestra acontecimientos que lo dicen todo de la degradación del más implacable de los fanatismos: el religioso.
-Dos: la historia de la amistad de unos niños, Amir, el protagonista, un chico pastún de buena posición y Hassan, de etnia hazara, el hijo de su sirviente y también su mejor amigo. Los personajes son complejos y escapan al maniqueísmo: el bueno y fiel también es servil y pusilánime, y el cobarde, en su lamentable impostura, no es ajeno a la voz de la conciencia.
-Tres: la verdadera historia: la narración de cuanto de grandeza y de mezquindad caben en el alma, y la universalidad de la frágil y complicada condición humana de las que no son premisas sine qua non ni cultura ni raza ni religión.
Me pareció una película sumamente poética, en contraste con la crudeza y barbarie de su contexto, y con una trama muy novelesca, pues no en vano está basada en una novela de gran éxito, pese a lo cual la película consigue mantenerse al margen de lo folletinesco y resulta creíble.
Una escena:
El y ella observan en un trozo de espejo sus caras sonrientes. Ella le pregunta:
- Dime, ¿qué es lo que ves?
- El resto de mi vida- contesta él.

Me gustó viajar al Afganistán de finales del siglo XX y contemplar sus montañas y paisajes y el ambiente en las calles y mercados de Kabul, aunque se rodara en China. Me gustó la fotografía y me gustaron los actores, en particular el que encarna al personaje del padre de Hassan- la personificación de la dignidad-, alguien que captó toda mi atención y que en su enfermedad me hizo llorar.
Me gustó “Cometas en el cielo”. Me encantó.