Un día más... un año más


Nací un dieciocho de enero de hace menos de un millón de años; eso siempre es un consuelo. Recuerdo que ya desde pequeña me obsesionaba la idea del paso del tiempo, y es algo que nunca me ha abandonado por más que me convenzo de que es una preocupación absurda. La queja es una pérdida de tiempo, y el tiempo es finito; no se puede perder pensando en cosas que hacen daño o no comprendes. Debería intentar alegrarme el día y tomarlo con filosofía, incluso ser vitriólica y para ello nada mejor que dedicar un rato de lectura a Cioran con su corrosivo escepticismo (“No corremos hacia la muerte: huimos de la catástrofe del nacimiento”) o mejor los poemas en los que Yeats se recrea en los estragos del paso del tiempo en la mujer (“Cuando estés vieja, gris y soñolienta y cabeceando ante la chimenea…) Sí, eso me podría arreglar el día, jajajaja...Y ahora, vuelta a empezar, o mejor; paso página.

"Todo va, todo vuelve; eternamente rueda la rueda del ser. Todo muere, todo vuelve a florecer, eternamente corre el año del ser." (Nietzsche "Así habló Zaratustra")