"Quince días contigo"

Por casualidad cayó en mis manos la película "Quince días contigo" y aunque no tenía ninguna referencia de ella decidí verla, aprovechando que tampoco tenía nada mejor que hacer. Y no sólo me gustó sino que me la creí, aunque en algunos momentos llegué verla más como un documental que como una película propiamente dicha.
Isabel y Rufo son dos marginados, ella ex convicta y él toxicómano. Malviven en la calle, sin techo, sin nada. Es asombroso ver al actor Sebastián Haro componer el personaje de un yonqui-yonqui (antológico), con todos sus tics arquetípicos, físicos y psicológicos; mugriento, apolillado, con el pelo aceitoso, (hasta aseado sigue estando mugriento) con la dicción, gestos, y torpes movimientos de lo que es sin duda el yonqui por antonomasia.
La historia de esta pareja se recrea profundamente en dos valores humanos que tal vez resulten paradójicos en su contexto, dada la exclusión social, y que en ellos surgirán más arraigados y desinteresados que en otras personas: amor-afecto y compañía.
Sin duda es una película dura y sin concesiones, pero (extrañamente) no es reivindicativa ni creo que se trate de cine social, porque no es un retrato de la sociedad sino de personas; y en eso reside su mérito: en contar una historia de perdedores sin buscar culpables ni hacer de la injusticia social otro lugar común. Se agradece que las conclusiones no las imponga el director (que muestra y no juzga) sino que las saques tú mismo. Siempre es un mérito añadido que no insulten tu inteligencia, y esto es algo que particularmente agradezco.
Me gustó "Quince días contigo" porque no es pretenciosa (algo inusual en el cine español actual) y por la forma en la que habla de los desheredados y de los naufragios, pero también de los que intentan salvarse y agarrarse a una tabla. Creo que se trata de una película digna y con alma.

-Isabel:
"¡ Es curioso!... Quizás la madre de Rufo tenía razón al decir que no hay persona más desgraciada que la que no sabe ver lo que tiene. Yo miro a todos estos y puedo ver lo que todavía me queda. Porque en este naufragio solo hay que saber a que tabla hay que agarrarse y con quién.
Y si te agarras a una equivocada no ahogarse entre tabla y tabla. El error es intentar nadar solo. No dejarte caer sabiendo que en tierra firme algunas casas tiene techo. Y las que tienen techo también tienen ventanas.
Y quien mira por una ventana siempre encontrará algo al otro lado…"