EL RETABLO DE GANTE O LA ADORACIÓN DEL CORDERO MÍSTICO

1432. Jan y Jubert van Eyck

















 








Al abandonar la Catedral de Gante me sentí alterada. Tenía una sensación de inquietud que había somatizado con los clásicos nervios en el estómago y que no sabía a qué se podía deber. Tan sólo hacía unos minutos que había estado contemplando, o mejor dicho, admirando el cuadro de la Adoración del Cordero Místico, también llamado el Retablo de Gante, que se conserva en la vieja capilla de la Catedral.
Pronto me di cuenta de que esa inquietud me la había producido el cuadro. Y no es que se tratase de una sensación nueva, sino que me resultaba muy difícil de reconocer, por las poquísimas veces que la he experimentado ante una obra de arte. Era, sencillamente; emoción.
Para nada influyó el que se tratara de un cuadro de dimensiones colosales, con una historia alucinante y que, a poco que te fijes, ofrece un espectáculo preciosista, minucioso y repleto de detalles; colores intensos y brillantes, con un impactante juego de luces, etc., etc. Tampoco el hecho –que ahora conozco- de que ese políptico esté repleto de referencias esotéricas y de llamadas al simbolismo. Ni mucho menos, que se trate de un cuadro emblemático en la Historia del Arte, buque insignia de la llamada “Escuela Flamenca” que iniciaba los comienzos del realismo en la pintura. Todo esto, puede despertar el interés, pero nada más.
¿Qué había pasado esta vez? ¿Por qué esa pintura me había impresionado de aquella forma? El caso es que lo sé perfectamente; fue debido a la consciencia de percibir in situ belleza, y por la sorpresa que me causaron dos de las doce tablas que lo componen, concretamente la de Adán y la de los Ángeles cantores.
Adán, aparece desnudo, encerrado en un nicho oscuro y todo su cuerpo emite luz, como si se tratara de una bombilla. Me gusta ese hombre que no se muestra desesperado aunque acaba de perder el Paraíso. Ni siquiera está triste ni resignado. Está sereno y, sencillamente acepta el destino que le ha tocado en suerte. Eso sí que es una huída hacia delante, y por eso no se ha detenido y sigue andando. Pero lo que me dejó estupefacta fue ver el pie de Adán fuera del cuadro. Me da igual con qué intención se pintó de aquella forma, porque ese pie fuera de su lugar habla de mundos paralelos, y consigue –a modo de cordón umbilical- que Adán se escape de la tabla y penetre en el mundo real, a la vez que introduce al que cree estar en esa realidad, en ese paraíso que es el cuadro. Este detalle, me pareció sencillamente genial.
En otra tabla aparece un grupo de doce ángeles cantando. Son clónicos, con idénticos rasgos pero, a la vez, están individualizados y, por supuesto, son andróginos. Toda la preocupación con la que viven su real irrealidad se centra en la música, de tal modo que al observar la diversidad de sus gestos crees oír un coro cantando a diferentes voces (tenores, barítonos etc.) La genialidad de esta tabla es hacerte creer que, además de ver auténticos ángeles, los escuchas cantar. Seguro que alguien pensaba en el privilegiado estatus celestial que aguarda a los ángeles en el terrorífico agujero negro de la eternidad, cuando llamó a la sonrisa inconsciente e involuntaria de los recién nacidos; "sonrisa de ángel".
Por todo esto, desde siempre, pero ahora más si cabe, me fastidia que los “expertos” o “entendidos” en pintura tengan la osadía de afirmar que un punto negro (del tamaño de una nuez) sobre fondo completamente blanco es una obra de arte.

6 comentarios:

  1. Muy acertado este escrito de principio a fin. Algunos "expertos" o "entendidos" (como tú dices) en pintura son tan cretinos, que creyendo estar delante de un cuadro de un artista de cierto renombre, hablan casi de una maravilla; cuando lo cierto es que es obra del talento de unos cuantos adorables angelitos ( y nunca mejor dicho) de una guardería infantil.
    También a mí me habría emocionado la contemplación de esta sí, bien llamada, maravillosa obra.
    Un saludo.

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  2. Que difícil parece entrar en lo real y que fácil es cuando lo consigues.Paul

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  3. ¿Y qué es la emoción? En un mundo de pasiones efímeras, la emoción es ese destello que nos acerca a la vida y nos aleja de la cotidaniedad. Es esa mecha que prende en la trastienda de nuestros instintos. Aseveras que te emocionaste contemplando este cuadro "debido a la consciencia de percibir in situ belleza" y yo, sin embargo, no te creo. La belleza es simetría, objetividad, pura vulgaridad matemática. Se sincera: ¿Te emocionaste o te convenciste a ti misma de que debías emocionarte? Si de verdad te emocionaste ante la contemplación de ese cuadro, no te resultaría tan fácil alegar unas razón tan simples y tópica como es la supuesta belleza. La emoción anida en lo incognoscible. ¿Por qué nos emociona esa melodía de Mozart? ¿y por qué nos causa emoción ese recuerdo (no tan lejano) de una época que nunca volverá? La razón es tan simple como contundente y terrible: no existe razón. Describir los motivos de la emoción supone racionalizar lo irracionalizable. Por ello su escrito me parece tan bien escrito y detallado como poco sincero.

    Aténtamente: John Self.

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  4. Juraré donde sea necesario que después de contemplar ese cuadro me encontré nerviosa. Si me equivoqué al identificar esa inquietud con "emoción" y se trató de otra cosa, no lo sé y, tal vez, nunca lo sabré. Aunque si, como bien dices, la emoción pertenece al mundo de las pasiones efímeras y es el destello que nos aleja de la cotidianeidad, algo de eso debió de haber allí.
    Admito que escribir que percibí "belleza in situ" a mí también me sonaba grandilocuente y, por lo tanto, forzado y hueco, pero es la descripción más aproximada que encontré para describir en pocas palabras lo que ocurrió. En todo caso, si hay que reducir el concepto de belleza a "simetría, objetividad y pura vulgaridad matemática", sin conceder un resquicio a la subjetividad, te aseguro que ese concepto ya no tiene ningún interés.
    Por otro lado, puestos a elegir, habría preferido "convencerme a mí misma" que debía emocionarme ante un cuadro de Klee, de Chagall o de Picasso, mucho antes que con éste (tan rancio y de temática religiosa) que justificaran la emoción con razones "ontológicas", o cuanto menos más originales y menos simplistas.
    Eres categórico al afirmar que lo contundente y terrible es querer encontrar una razón a la emoción, según lo cual, lo que escribí no es más que un disparate "bien escrito". Y con todo lo daré por bien empleado, ya que no sólo agradezco que te hayas molestado en opinar sino que, además, reconozco la audacia de la argumentación y tu buen estilo. Te diría que ha sido una de esas sorpresas que me podrían llegar a "emocionar". No preguntes el porqué, sería intentar racionalizar lo irracional.
    Gracias

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  5. Sirenavarada, al hilo de los comentarios anteriores y en mi opinión, es todo mucho más sencillo. Para no extenderme demasiado te diría que simplemente te emocionaste con algo te gustó y de ahí tu escrito. Y yo, contrariamente, lo considero tan subjetivo y sincero como nada vulgar.
    Un saludo.

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  6. Hay quien cree que el Arte es algo blanco como el marfil, puro, noble, distante y triste. Yo, por el contrario, creo que puede llegar a ser cálido y excitar los sentimientos hasta puntos insospechados. Y eso no depende tanto de la obra como de una comunión entre la creación y la inclinación receptiva y el estado emocional en el que se encuentre el espectador.
    El Impávido

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