LA TEQUERÍA...HISTORIA NOCTURNA.


Escrita por Buscador



Esa noche "La Tequería" estaba casi vacía. Los habituales volvían a reinar en la barra del pub y al piano Felipe "El enamorao" ponía música a la madrugada. Era noche de martes y para ser Abril hacía mucho frío en la calle. Buscador se pidió otro whisky con 7UP...-él lo llamaba "Pata Negra"´- y su amigo El Oreja, un "Terlenka". El humo de los cigarrillos y los canutos hacían llorar los ojos más sensibles. El pianista tocaba por compromiso piezas de jazz que nadie escuchaba; todos hablaban y reían contaminados por el etílico y los canutos, hasta que se abrió la puerta de un golpe y la gente se volvió para observar al individuo que entraba en aquel instante. Se hizo el silencio, era Amigo un hombre extraño que había venido del Norte para trabajar en el Ministerio para la Conservación de la Naturaleza. Se sentó, como siempre, al lado de Buscador, poeta de medio pelo por ser calvo y amante del jazz más genuino. Detrás de la barra servía "Sirena Varada" que al ver a Amigo se apresuró a ponerle una cerveza que no dejó que pagara. Por eso el silencio de la gente... porque ella dejaba lo que estuviera haciendo en eso momento para atenderle, y siempre lo invitaba. Aquella mujer despertaba pasiones allá donde fuera. Según decían, vino del Este, cuando lo del auge de los invernaderos del tomate.

Felipe estaba enamorado de Sirena y sabía pulsar su fibra sensible cuando tocaba "Bésame mucho" en versión de jazz. Sólo un golpe de piano bastaba para hacerla llorar...un golpe que arañaba el corazón. Buscador era un solitario que parecía no serlo, un hombre serio que no era serio, un personaje popular al que todo el mundo quería tener cerca, algo que a él le importaba un bledo, sólo le interesaba escribir en los corazones que las palabras llevan. Amigo era melancólico, hombre de pocas palabras y fácil para emocionarse. Sirena se enjugó las lágrimas de la nostalgia. Amigo, Sirena y Buscador se miraron sin decir nada… las palabras morían otra noche más en los ojos de aquellos extraños corazones inundados de tristeza.


(30-6-2008)





AMARCORD. Mis recuerdos

Mi infancia tiene la magia y el aroma que exhala “Amarcord”: Lo que nunca volverá. Es mi película favorita. De hecho creo haber estado entre ellos: una más de la coral surrealista y bufonesca que protagoniza cada una de sus escenas. Estuve allí... Sé que estuve allí. Así lo sentí la primera vez que vi "Amarcord" y supe que eran mis fantasmas, mi infancia. Son mis recuerdos, es mi música, es mi pueblo y mi gente.
"Amarcord" es la nostalgia. La música te transporta en el tiempo y te hace sentir una ternura infinita por aquellos días, por las horas vividas y por los momentos que me fueron devueltos
Y te sabes dentro, con toda tu ingenuidad, con toda tu inocencia, fresca y marchita, una más… De repente te das cuenta de que no son tus sueños… Son los sueños de Fellini y te preguntas cómo es posible sucumbir de esa manera a la emoción y la nostalgia. La gran nevada y la aparición espectral del pavo real, el viento que trae los remolinos mecidos por la música, los niños, la escuela, los sueños… Sumergida en la ensoñación te sientes en estado de gracia, participando en ese mundo sin perder la perspectiva de quién lo observa. Un viaje astral cinematográfico.
Desde mi asiento contemplo conmovida e identificada como se suceden mil sentimientos trenzados, sutiles y a la vez poderosos. Todo eso es "Amarcord" para mí.