El misterioso efecto de las palabras

En una entrevista le preguntan a Boris Cyrulnik, (un eminente neuropsiquiatra, profesor de etología humana y probablemente una de las personas que más y mejor conoce el funcionamiento del cerebro) si las palabras y los relatos modifican nuestra biología; a lo que él responde: “Lo experimentamos cada día cuando vamos al cine, escuchamos un discurso o leemos un libro. Una opinión, una representación, un conjunto de palabras y de imágenes estimulan una zona del cerebro, exactamente como lo haría un electrodo: el estímulo comporta la segregación de sustancias que nos hacen sentir placer o malestar. Esto nos lleva al misterio del efecto placebo –o nocebo- de los medicamentos, pero también de las palabras del sacerdote, del curandero, del chamán, que pueden ser poderosos analgésicos o antidepresivos...”

Es curioso…, a veces lo que escuchamos como novedoso no resulta tan revelador... Freud, dos siglos antes, afirmaba contundentemente que: “La ciencia moderna aún no ha producido un medicamento tranquilizador tan eficaz como lo son unas pocas palabras bondadosas”
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